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Síndrome Metabólico. ¡Lo puedes evitar!
Domingo, 28 DE Agosto 2016
Síndrome Metabólico. ¡Lo puedes evitar!

Aunque te suene raro y complicado, conocer lo más básico sobre el síndrome metabólico y cómo se diagnostica te permitirá identificarlo con más facilidad y empezar cuanto antes a buscar formas para evitar todos los riesgos que supone padecerlo.

Las 2 cosas que debes saber:

En qué consiste

El síndrome metabólico es un conjunto de síntomas, y no una enfermedad en sí misma; se caracteriza por la aparición de una acumulación importante de grasa en el abdomen y alrededor de las vísceras, que pone en riesgo el sistema cardiovascular y altera el metabolismo de la glucosa en el cuerpo, Todo ello se traduce en hipertensión, colesterol, cinco veces más de desarrollar diabetes y dos veces más de padecer un infarto cardiaco o cerebral. Este síndrome también se conoce como “síndrome de Reaven”, “síndrome de resistencia a la insulina” o “síndrome cardiometabólico”.

Averigua si lo tienes

Tú médico necesita saber en qué medida tu sobrepeso está afectando al funcionamiento del sistema cardiovascular, del metabolismo de las grasas, del páncreas y del hígado, por lo que comprobará si tienes sobrepeso, te medirá la cintura y la presión arterial, y además pedirá un análisis de sangre para conocer tus niveles de colesterol, triglicéridos y glucosa. Si cumples con tres o más de las siguientes situaciones es probable que te diga que padeces el síndrome metabólico:

  • El Perímetro de tu cintura es superior a 102 cm, si eres hombre, u 88 cm si eres mujer.
  • El nivel de triglicéridos o de lipoproteínas de baja densidad (LDL, “colesterol malo”) es superior a 150 ml/dl.
  • El nivel de “colesterol bueno” o lipoproteínas de alta densidad (HDL) inferior a 40 mg/dl, si eres hombre, y a 50 mg/dl, si eres mujer.
  • Tu presión arterial habitual es superior a 130/85 mmHg.
  • Tu glucosa basal en la sangre es superior a 110 mg/dl.

Las medidad que debes tomar:

Que sigas padeciendo el síndrome metabólico dependerá de la predisposición que tengas para empezar a perder peso haciendo más ejercicio, mejorando tu alimentación, buscando terapias contra el estrés y tomando algunos suplementos naturales para equilibrar el organismo.

Elige tu ejercicio

Caminar: es el ejercicio por excelencia, no sólo porque activa cada músculo del cuerpo, quema grasa y mejora la circulación, la resistencia cardiaca y la capacidad pulmonar, sino también porque está al alcance de todos. Puedes buscar mil excusas para caminar: ir al trabajo, pasear al perro o salir con compañía, caminar exclusivamente por 45 minutos al día mejorará considerablemente tu condición.

Cambia tu dieta

Cambia tu dieta: aunque te damos algunas pautas lo mejor es consultar al nutricionista para que, además de recomendarte la mejor dieta para ti, pueda valorar tus hábitos alimentarios y enseñarte a modificarlos.

  • Desayunos: deben ser moderados y a base de cereales o pan integral, crema de almendras o mermeladas sin azúcar, e infusiones o tés. Evita los embutidos, quesos, mantequilla y exceso de café.
  • Media mañana: una pieza de fruta y un puñado de frutos secos (almendras, nueces, cacahuates naturales).
  • Comida: elige una porción pequeña de proteínas (pescado, pollo, res), cereales (arroz, trigo, maíz) también toma una ración grande de verduras (ensalada, al vapor, a la parrilla asadas, etc).
  • Media tarde: fruta o frutos secos o yogurt light con avena.
  • Cena: ligera, una ración pequeña de proteína y verdura es buena idea.

Ayúdate con complementos alimenticios

Para prevenir la hipertensión, el colesterol, la diabetes, o si quieres mejorar estos síntomas, junto a una alimentación adecuada puedes tomar uno de estos suplementos:

  • Potasio, calcio y magnesio: estos minerales protegen el sistema cardiovascular y ayudan a eliminar el exceso de sodio en el organismo.
  • Cromo: es un oligoelemento que interviene en el metabolismo de la glucosa y calma las ansias de comer.
  • Ácidos grasos esenciales: el omega 3, el omega 6, y el omega 9, favorecen el buen funcionamiento de las arterias y el corazón, y reducen los niveles de triglicéridos en la sangre.
  • Vitamina B, C y E: protegen el sistema circulatorio y nervioso.
  • Flavonoides: como los que se encuentran en la corteza de la naranja y del limón, que resultan vasoprotectores.
  • Fitoesteroles: están presentes en muchos vegetales y, en forma de suplemento dietético, reducen la absorción del “colesterol malo” y ayudan a eliminarlo.





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